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miércoles, 21 de abril de 2010

LATIDO



Cuando la lluvia es inevitable,
Cuando la esperanza humana es grande, y
Caminamos en busca de flores, tierra y el
Fruto suculento del árbol
Vuelve el latido del pueblo.

El huésped amigable, vestido con la sencillez,
Me habla en la sala de la casa,
Sobre sus sueños
Y su gesto de niño
Es guardado en mi memoria,
Crecerán las palabras.

Libre de riesgo, sepultamos el miedo
Pienso en los niños y en las madres del luto
Y miro estas manos:
¡Que siempre sean parte de vidas!

Vuelve el latido de un pueblo.

miércoles, 7 de abril de 2010

SIEMPRE ESTARE

EN ESPERANZA

Esa noche me dijo:
¡Nuestra fe se convirtió en esperanza!
Y algún día escaparemos de toda esta opresión.

Emilio, recupera tu origen
Tropezando con las piedras del rio,
Hazte lluvia, para mojar con pasión las calles del pueblo.

Y si los espejos se esfumaran
No te preocupes, tu reflejo es la tierra.
La tierra firme
Asumiendo su grandeza bajo el sol de la libertad.

Esa noche me dijo:
¡Nuestra fe se convirtió en esperanza!
Con la vocación de servir,
Y esa serenidad de fundar emociones.

Emilio, firmeza en los pasos
Ante los caminos sin luz natural.
Si mañana desaparecemos,
Solo recuerda, que nos encontraremos en la eternidad.


Emilio Pino Salinas.

lunes, 22 de marzo de 2010

IMAGEN IMBORRABLE

Todavía recuerdo la imagen de mi padre sujetando mi cuello caminando alrededor de la plaza Bolívar. Relatándome la grandeza de ese hombre convertido en estatua. Ignorado por miles de personas que prefieren tocar sus dedos sobre las teclas de un pequeño teléfono.
Mis ojos se mostraban inmensos ante tanta genialidad: ¡Y el solo liberto seis naciones!- exclamaba la inocencia oportuna.

Todavía recuerdo la imagen de mi padre sujetando mi cuello y enseñándome el valor de los símbolos patrios. Sin aves de guerra ni problemas existenciales; respirando la luz de la ilusión. Ignorando el futuro, amando el presente.

Y cuando me toque el momento de ya no existir. Antes quisiera recordar la imagen de mi padre sujetando mi cuello y relatándome la grandeza de ese hombre, convertido en estatua, llamado Bolívar.

Emilio Pino Salinas.

BRINDIS


Mis amigos, desertores del infarto,
Convirtiéndose en lirios inmortales
¡Les digo!:
Alarguemos este amor por las letras
Y el oficio que alumbra la tempestad.

Un brindis, un brindis, por aquellos que escriben,
Hermoso camino
O destino
O vida eterna.

Y en este momento recuerdo su mirada.
Con el deseo íntimo y el placer purificado.
Su piel oscura con el aroma vivo.
Ese contacto bordara la tierra
Pero hoy es imposible,
Solo escribo, solo escribo.

Escribimos, impulsados suavemente por el viento
Edificando enormes torres de memorias y sueños.
Es por eso el brindis,
El brindis inmortal.
Por este oficio que no descansa,
Nunca descansa.


Emilio Pino Salinas.


martes, 9 de marzo de 2010

SOLO SOMOS


Talvez pensaría que partiría velozmente por la puerta de atrás. Pero no, recuerdo que me vi inmóvil, despierto en medio de una calma escalofriante, que intentaba devorarme los huesos. Fuera del inmenso espacio exterior que nos separaba; hundiéndome en lo claro de sus ojos, atado a ella, en lo inesperado o en la tempestad.

Y permanecí allí inmóvil por una razón misteriosa. Con la presencia de su carne, sin comienzo ni fin, gritando: “Que no somos criminales, solo amantes distantes, ocasionales”.

Solo somos amantes, solo amantes, que en algunos días ignoran la profundidad de este amor.


Emilio Pino